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sábado, 6 de marzo de 2010

EL CRIMEN PERFECTO (CUENTO)

Despertó ese día (al fín) con un buen tema “in mente” (después de todo quizá sí podría participar en el concurso de mini-cuentos). No tenía la esperanza (ni siquiera el deseo) de ganar. Pero el que su obra fuera leída por
otros era la respuesta a un deseo y un sueño largamente acariciados. Trataba de no pensar en que le leerían miembros de un jurado formado por literatos, personas cultas, verdaderos profesionales de las letras, que tal vez su obra sería más apreciada en manos de gente más sencilla, con menos “kilometraje” en cuestiones de lectura. Su familia lo apreciaría (por aquello de que en el pueblo de los ciegos el que tiene un ojo es rey), pero le daba timidez presentar sus escritos a su familia. Tenía tantas cuartillas llenas, tanto en prosa como en verso, desde hacía añales...pero ninguna cumplía con el requisito de máximo 2000 palabras de las bases del concurso. Su cuento más corto tenía cinco capítulos y ya en el primero en sólo dos páginas tenía 1502 palabras. Ese cuento le había gustado tanto que estaba añadiéndole personajes y subtramas con la idea de convertirlo en novela. Lo llevaba bien, pero ahora se le había trancado el serrucho. Había colocado a la heroína en tal atolladero que hacía un mes que ni miraba el cuento...sin saber cómo hacerla salir ilesa del lío. Ojalá pudiera arreglárselas sola-pensó- y que al ir a releerlo me hallara con la sorpresa de que no sólo había soslayado la parte difícil sino que ya estaba a punto de resolver los problemas de las subtramas.
Sonrió de lo absurdo de su pensamiento. Hoy cualquier cosa le haría sonreir: tenía una buena idea, participaría en el concurso...
Desayunó apresuradamente y puso manos a la obra de inmediato. Haría un cuento de suspenso...algo policíaco...EL CRIMEN PERFECTO. Y sorprendería a todos: haría que cada personaje fuera muy, muy, muy sospechoso y cuando los lectores llegaran al final impacientes por saber quien era el verdadero culpable...les dejaría con la incógnita: en la última página escribiría: ...jamás se conoció al culpable. Ni yo mismo logré descubrirlo...a pesar de ser el escritor inventor de la trama. Ja, ja. Buena la haría. Claro que sólo lo leerían los miembros del jurado. Unicamente en caso de ganar sería publicado en el blog y leído en varios países...aunque fuera por pocas personas pero...en varias latitudes...No podía soñar tanto. Tal vez el jurado se compondría sólo de tres o cuatro escritores serios y eruditos...Bueh, igual, lo leería alguien además de él. Manos a la obra, pues.
Tenía el título, la intención y el último párrafo...además de la extensión...(máximo dos mil palabras). Comenzó a escribir: “Lorena caminaba cabizbaja, retorciendo entre las manos crispadas un pañuelo. Sus ojo irritados y sus párpados inflamados eran señal inequívoca de una noche de desvelo y llanto.
-Hola, Lori, querida, dime qué te pasa hoy.
Fue apenas un susurro, reconoció la voz de inmediato y se estremeció. Miró en todas direcciones, menos hacia el seto de donde salía la voz. Nadie la observaba. Sus hermanos, enfrascados en su partida de dominó, no tenían cabeza para otra cosa. Su mamá se afanaba tratando de encender los reacios carbones para la parrilla de ese domingo.
Se detuvo junto al seto y para disimular se inclinó haciendo ademanes que hicieran parecer que se estaba atando las trenzas de sus zapatos deportivos.
-Otra noche de pleitos, gritos, ya no los soporto...nunca me habían parecido tan largas las vacaciones. Pensar que apenas estoy en medio de ellas. Desearía volver al internado hoy mismo. Al menos allá me rodean personas normales. Anoche pensé que terminarían matándose...”
No pudo continuar escribiendo porque llamaron a la puerta. Era para medir el consumo de electricidad. El encargado le recomendó que cambiara el medidor que ya era modelo muy viejo. Una escaramuza de discusión entre que si debía hacer él mismo la solicitud, dónde hacerla, cuánto le costaría, no tener tiempo para ello, tiempo perdido, tiempo perdido, tiempo perdido...Al fín se sentó nuevamente frente a su pc para continuar escribiendo acerca de los que la noche anterior parecían querer matarse:
“...debes llamar a la policía, Lorena, no reacciona y no creo que esto haya sido un accidente. Debemos llamar a la policía.”
Pero...¿Qué zipote? Estoy seguro que no fue esto lo que escribí. O...¿Será el stress? ¿Será que lo escribí y lo olvidé? Oh, no...arteriosclerosis o alzheimer...no. Nada de eso. Siempre he sido tan distraído, tan “caído de la mata”. Déjame continuar...
“...-Por supuesto, eso haré, Edinson. Todo esto me parece muy extraño. ¿Qué hacía él a esta hora en este lugar en vez de estar en su trabajo...? Llamaré a la policía de inmediato...”
Otra vez la puerta, ¿Ahora qué? Cuando por fín tengo un tiempito para dedicarle a mi cuento...cuando me atrevo a faltar un miércoles al trabajo...cuando normalmente nadie visita esta casa. Santo Cielo...
Listo. Desconectó el timbre de la puerta y el teléfono, cerró las ventanas. “ No me pararé de acá hasta que haya terminado mi mini-cuento. Justo estaba Lorena a punto de llamar a la policía...”
“...Edinson, ¿Por qué pareces estar tan seguro de que fue Lorena quien lo mató?
-Porque hizo mucho énfasis en que él no debía estar a esa hora en ese sitio, que debía estar en el trabajo en ese momento...trató de hacerme sospechar de Adrián...se veía más preocupada en inculpar a alguien que triste por lo ocurrido...fue lo que me hizo sospechar...y recordé que una vez había mencionado algo acerca del crimen perfecto...”
No. Estoy plena y totalmente seguro que no fue esto lo que escribí. Tengo el cuento en la mente . No había ningún Adrián entre mis personajes...esto es muy extraño...demasiado extraño...
Volvió los ojos a la pantalla de su computer y pudo leer:
“...Lorena sonrió a su creador desde su mundo de letras y utilizando la T mayúscula a manera de martillo le propinó un golpe mortal en la sien.”
Trato de huir pero no pudo, sintió el impacto, el dolor lacerante en su sien y luego...nada en lo absoluto.
El creciente olor a putrefacción alertó a los vecinos. Cuando la policía se apersonó en el lugar y derribó la puerta de entrada el terrible olor se pudo sentir varias manzanas a la redonda. La casa fue fumigada al igual que las inmediatamente vecinas. El reporte de la autopsia fue básicamente (palabras más, palabras menos, términos médicos más, términos médicos menos) “Muerte ocasionada por golpe con un objeto contundente en la sien derecha”. El arma homicida nunca fue hallada. El no tenía enemigos, casi no tenía amigos. No había señales de violencia o de robo. En el archivo MIS DOCUMENTOS de su PC encontraron un cuento de su autoría, un mini-cuento bastante insulso y mal escrito que concluía con estas palabras:
“...al día siguiente los periódicos reseñaron la muerte del novel escritor pero no en primera plana como quizá él hubiera deseado. Fue apenas un artículo mínimo opacado por las ofertas que en útiles escolares ofrecían las tiendas del centro. Del asunto no se volvió a hablar. Nadie pensaría jamás que el personaje de un cuento simple pudiera ser el homicida del escritor. Lorena había logrado al fín cometer EL CRIMEN PERFECTO.”