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viernes, 24 de diciembre de 2010

Diciembre: Un mes para compartir junto a una de las tradiciones más celebradas en el páramo merideño

 Por: Mercedes Payares
amercedespayares@gmail.com

- "Año Viejo, Año Viejo… párese señor, párese señora, colabore con el año viejo. Mañana será el último día de diciembre y de este año también, por eso quemaremos un gran muñeco repleto de ropa vieja, cohetes y muchos fuegos artificiales."


 Este era el lema de Genaro, el hijo de unos panaderos italianos, quien, al acercarse el fin de cada año, detenía a cuanto vehículo se acercarse a los límites que dividen el Estado Barinas del Estado Mérida. 
Genaro, junto a otros de sus amigos de la cuadra se reunía en la carretera que conduce a la ciudad de Mérida a partir del 26 de diciembre a fin de recolectar el dinero suficiente que les permitiera convertir al muñeco de año viejo en un estruendoso sonido que se encargara de recordarles a los habitantes de Mucubají y de las zonas aledañas al páramo merideño, el fin de un año más y la proximidad de nuevos retos, de nuevas metas y ¿por qué no? De nuevos tiempos.
Genaro junto a Pedro y Melinda se repartían los roles para la recolección del dinero y de los materiales necesarios para la elaboración del tan esperado muñeco de año viejo. 
Pedro elaboraba una cuerda  a base de hilo pábilo, estambre y trozos de tela vieja. Así
hasta que obtuviera una larga tira que le permitiera a Jorge ubicarse a un lado de la carretera y a Genaro al otro extremo de la misma. En lo que visualizaban un vehículo, bajaban la cuerda obligando a los conductores detenerse por menos de cinco minutos. Al mismo tiempo Melinda se ubicaba en un sitio estratégico, de forma tal que pudiese recoger las monedas, billetes, caramelos y toda colaboración ofrecida por los usuarios del vía del páramo.
Obtenido el dinero suficiente y con la creatividad de Melinda, los tres tejían telas, trozos de medias en desuso y un pantalón diseñado a partir de sacos viejos. Hasta finalmente introducir los tan preciados fuegos artificiales dentro del muñeco, para luego reunir a los pobladores del páramo, disfrutar de la quema del muñeco de año viejo y darle la bienvenida a la prosperidad, pero también al compromiso de cumplir con las metas propuestas durante las doce campanadas.



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