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domingo, 4 de septiembre de 2011

EL FANTASMA DEL POZO DE LA CHURCA







(Cuento adaptado de la leyenda)
Por: Gladys Laporte
en-elocaso@hotmail.com
Hace ya mucho, pero muchísimo tiempo, en la población de Guatire,
vivía una vieja abuela cuentacuentos, que todas las tardes reunía a
sus nietos y vecinos del lugar para narrarles viejas historias que
había aprendido de sus antepasados. Una vez, en el mes de
octubre, por cierto, la viejecita inició su relato de esta manera:
-"Hubo una vez un general liberal que venía en su caballo de la
guerra, a su lado en una blanca yegua, traía a su joven hija con él.
Venía en busca de una buena mujer que se encargara de cuidar a la
niña, ya que él estando en el ejército no podía hacerlo y la madre
de la muchacha había muerto hacía poco.
En su camino se encontró con el más antiguo de los indios tomuzas
que iba a esconderse a la montaña con su tribu y le preguntó:
-Indio, ¿Conoces a una buena mujer que sea capaz de cuidar a mi
hija mientras yo me encuentro ausente?
-Si, como no,- contestó el indio- en la montaña del Norte, vive una
sabia vieja curandera que puede hacer ese trabajo.
¿Puedes llevarme hasta ella?
-Sí, venga conmigo que lo llevaré hasta la cabecera del río.
Los tres personajes emprendieron la marcha hacia la montaña
y llegaron al río, encontraron un rancho donde se hallaba la vieja
curandera ciega, quien los recibió amablemente y ahí mismo aceptó
cuidar a la linda jovencita rubia de ojos azules que el padre le
estaba entregando. También le entregó una bolsa de cuero con
monedas de oro y se fue con el indio dejando a la niña en la casa.
Pasaron los días y los años y la joven se acostumbró a vivir con la
curandera, ella limpiaba la casa y preparaba las comidas y por las
tardes bajaba al pozo de La Churca a bañarse y recogía frutos,
ramas y raíces para comer y llevarle a la vieja. La muchacha
mientras se bañaba desnuda, cantaba bellas canciones que
inventaba en su corazón lleno de amor por la bella naturaleza que
observaban sus ojos.
Una tarde lluviosa y oscura del mes de octubre, se encontraba la
joven en el pozo y la viejecita sola en el rancho con una vela
encendida sobre un cajoncito que hacía de mesa. Oía como las
fuerzas de la destrucción desatadas se llevaban todo en su rugir.
La tempestad acabó con todo y el rancho y la curandera ciega
desaparecieron, lo mismo que la muchacha en el fondo del pozo.
Allá arriba solo quedó la vela encendida que milagrosamente no
se apagaba.
A la mañana siguiente salió la gente a ver los destrozos que había
causado la lluvia y de entre ellos surgió un hombre liberado de
maldeojo por la ciega curandera y les notificó que iba a ir con unos
cuantos vecinos a ver cómo les había ido en la noche a la joven y a la
vieja. Cuando llegaron no encontraron nada en pie, solo la vela
encendida y se impresionaron grandemente por este hecho, ante
tanto desastre de agua.
Fueron después hasta el pozo, para ver qué había sido de la joven,
pero solo escucharon un bellísimo canto, que a medida que se
acercaban se volvía más lejano.
Cuentan que el general no volvió más por Guatire, quizá murió en la guerra.
El indio tomuza prometió rellenar el pozo con piedras sagradas.
Cuentan que en noches de luna llena, se ve a un anciano espectral
lanzando piedras al pozo y que en las piedras aparecen los azules
ojos de la princesa y que son una protección para el que las encuentra
cuando en octubre la muerte llama y dicen también que el que mira a
la doncella a los ojos, se hunde en las profundas aguas del pozo y no
vuelve a salir nunca más.
Si destruyen o contaminan el pozo, los fantasmas de los indios y de
todos los que se han ahogado en él, harán de las calles de Guatire
su nuevo hogar y los fantasmas no soportan a los vivos .Así es que
ya saben lo que les espera.
Y colorín colora'o, este cuento se ha acaba'o.
NOTA: Tomado del libro "Cuentos de Gladys Laporte"
Pueden accesar a la versión completa en formato pdf
de manera gratuita o adquirirlo impreso 
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